lunes, 11 de julio de 2016

Agricultura  Orgánica,  Producción de  Semillas  y Soberanía  Alimentaria

La Soberanía Alimentaria es el derecho de los habitantes de un país a elegir su propia agricultura, es el derecho a elegir lo que queremos comer.

Los modelos productivos globalizados para combatir el hambre en el mundo han fracasado, es más, a partir de su instalación el hambre y la desnutrición han aumentado en muchas poblaciones del planeta.

Según datos del El Programa Mundial de Alimentos (PMA)“alrededor de 795​ millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa, es decir uno de cada nueve personas.”

Como ya expresamos en entregas anteriores, la agricultura orgánica como Filosofía de vida, nos da la oportunidad de un retorno de lo científico-técnico a lo intuitivo y natural. Es decir que es posible fundamentar científicamente todo el conocimiento acumulado a lo largo del tiempo por las culturas tradicionales (indígenas, pequeños agricultores, agricultores familiares), cuyos conocimientos se originaron  en el saber hacer desde la práctica diaria, desde la vida misma y fueron trasmitidos de generación en generación. Ellos han jugado un rol muy importante a lo largo del tiempo, en la preservación del material genético (germoplasma) que es la base de nuestras semillas locales.


Un punto fundamental de cualquier sistema de producción a pequeña escala es la producción de semillas en el lugar o locales, característica de los predios familiares y colectivos. Preservar la semilla en estos sistemas es la base de la Soberanía Alimentaria.


Existen en nuestro país productores orgánicos y emprendimientos colectivos locales dedicados a producir su propia semilla y a intercambiarlas a través de las redes de intercambio de semillas.

Cuando capacitamos en cómo producir semillas para los diferentes cultivos  que integran nuestra huerta, estamos promoviendo y reafirmando la Soberanía Alimentaria y destacando que es un derecho que hace a la sustentabilidad de nuestro agroecosistema: La Huerta Orgánica.

lunes, 4 de julio de 2016

La  Agricultura  Orgánica  como  estrategia para reducir los gases de efecto  invernadero (GEI).


Desde el siglo XX, a partir de la Revolución Industrial y de  la Revolución Verde en la agricultura, nuestro planeta Tierra ha venido experimentando una serie de cambios a nivel climático (debido al incremento de algunos gases a partir de allí), lo que convirtió al ser humano en el principal agente del cambio climático.

El efecto invernadero natural es importante para el desarrollo de la vida en nuestro planeta, de lo contrario las temperaturas serían muy bajas. Sin embargo, algunas actividades antrópicas como la industria y la agricultura han provocado un aumento de los gases con efecto invernadero (GEI).

Las prácticas de la agricultura convencional han causado el aumento de las emisiones de  dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y dióxido nitroso (N2O), considerados gases de efecto invernadero.

Una estrategia válida para reducir el impacto negativo de la agricultura convencional nos la brinda la Agricultura Orgánica por medio de sus prácticas de manejo que permiten:
  • Conservar la biodiversidad, por ejemplo mediante la asociación y rotación de cultivos.
  • Conservar la calidad del agua debido a que no se usan productos de síntesis química que puedan contaminar las aguas superficiales o profundas.
  • Conservar la fertilidad del suelo por el uso de rotaciones de cultivos, abonos orgánicos o plantas leguminosas.
  • Evitar la erosión mediante el uso de coberturas vegetales.
Todas estas prácticas redundarán en una reducción en la producción de CO2 y  N2O en mayor grado, y de CH4 en menor grado, lo que permitiría disminuir los impactos negativos que en definitiva afectarían la seguridad alimentaria de las poblaciones más vulnerables.